El territorio que hoy ocupa el Estado de Querétaro fue habitado por otomíes y purépechas, siendo estos últimos los dominantes. Había también una pequeña presencia de tribus nómadas llamadas chichimecas (pames y jonaces). Hay algunos sitios arqueológicos que datan de este tiempo como El Cerrito en Corregidora, y los sitios de Ranas y Toluquilla en la Sierra Gorda.

Este estado fue habitado en 1446 por indígenas otomíes y tarascos, convirtiéndose en los dominios del señor de los purépechas.

Cuenta la leyenda que «Con estruendo resonaron las cajas y los clarines, el teponaztle y el huéhuetl, la chirimía y el caracol y al ritmo de bailes y alaridos se inició la guerra, los otomíes y purépechas, los conquistadores comandados por Nicolás de San Luís Montañez y Fernando de Tapia (Conín) y los chichimecas bajo el mando de los capitanes don Lobo y don Coyote. En el campo retumbaron las descargas cerradas de los fusiles, a lo alto, y con la polvareda que levantaban los pies de los combatientes, el humo de la pólvora, y las flechas disparadas al viento, y un eclipse de sol que parece haber sobrevenido en ese punto, se oscureció el día, de tal manera que se hicieron visibles las estrellas, y la lucha se prolongó sin que uno ni otro bando se rindiera. Cuando el ejército al servicio de la Corona Española desfallecía ante el ímpetu de los indomables chichimecas, aparecieron en los cielos Señor Santiago montado en brioso corcel blandiendo férrea espada y una gran Cruz luminosa, los naturales al verla, al grito de “ÉL ES DIOS”, comenzaron a danzar, se rindieron y aceptaron la sumisión a la Corona de España».

Este “acontecimiento” fue registrado por cronistas de la orden franciscana y los primeros relatos datan del siglo XVII.

Es cierto que hubo una batalla entre indios y españoles, y ésta, al igual que todas las guerras a lo largo de la historia, fue cruel y mucha gente murió. No obstante, hay que recordar que el término leyenda (del latín legenda= lo que debe ser leído) en un inicio se refería a una narración escrita para ser leída en público dentro de los monasterios o iglesias y buscaba resaltar la intención moral o espiritual. No tenía rigurosidad histórica. En esta batalla casi al finalizar se apareció Sr. Santiago Apóstol en el cerro de la Cruz.

La historia cuenta que para lograr este objetivo, España pidió la colaboración del jefe español Hernán Pérez y del cacique otomí ya españolizado Nicolás de San Luís Montañez para convencer a Conín, un indígena comerciante otomí que iba a esta región a vender sus productos, a unirse a su causa y persuadir a los nativos de dejarse conquistar pacíficamente.

Ya bautizado Conín como Fernando de Tapia, llevó a cabo su tarea, sin embargo, de manera concertada y sin armas, el 25 de julio de 1531 en la Loma del Sangremal hubo una batalla entre Cristianos e indígenas que se oponían a la conquista. Fue una batalla larga y sangrienta.

En este punto es donde entra la leyenda: supuestamente, al estar ya muy cansados y casi derrotados, los españoles invocaron al Patrón de las Españas, el apóstol Santiago. Cuando apareció éste en el cielo, hubo un eclipse que cubrió el sol por completo. En la obscuridad, los indígenas observaron una gran Cruz luminosa y la figura del apóstol Santiago cabalgando en su corcel blanco. Para los indígenas esto fue la señal de su derrota, su Dios los había abandonado, en cambio, los cristianos recibieron apoyo del suyo. Así terminó la batalla.

En la Loma del Sangremal se fundó la ciudad de Santiago de Querétaro.



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