Mujeres a las que Querétaro les debe gran reconocimiento

 

Josefa Ortiz de Domínguez

Muchas cosas se han dicho de Doña Josefa. Su biografía es parte necesaria del imaginario social queretano. Todos sabemos de las reuniones clandestinas en su casa y de sus taconazos de aviso a Ignacio Pérez, pero lo más importante sería , quizás, intentar aproximarnos a ella tratando de mirarla no solo como heroína de la Independencia, sino como a una mujer que retó el orden establecido y anheló que germinara una nación más justa, independiente de las imposiciones de la Corona, pero sobre todo como alguien que supo desafiar a la autoridad como pocas mujeres de su tiempo.

La figura de la Corregidora es doblemente valiosa, en el sentido de que, además de arriesgarse por los ideales independentistas, tuvo el coraje de romper los patrones establecidos por el “statuos quo” para dejar atrás el rol de ama de casa, esposa o madre ejemplar, en la búsqueda de un proyecto propio y libertario, asumiendo roles que socialmente no le “correspondían”, como el de inmiscuirse en la política. 

A pesar de ser educada para ser solamente una buena ama de casa, Josefa tuvo una opinión propia, no impuesta. Tomó la Independencia mexicana como un proyecto propio, y así, en los ratos libres que le dejaba el cuidado de sus 12 hijos, hizo lo posible por ayudar al movimiento con los recursos que tenía.

 Josefa Vergara y Hernández

Es una figura importantísima para la sociedad queretana, ya que al comprender el sufrimiento de las clases más desposeídas, buscó la manera de aliviarlo y también de proporcionar a los menos afortunados las herramientas para que salieran adelante. 

Sintió gran empatía con los infantes desvalidos. Adoptó varios niños huérfanos. Deseaba que cada niño tuviera una buena preparación, pues comprendió que la educación es un requisito para la superación personal y del pueblo, por lo que creó escuelas y mandó vigilar a los maestros.

Buscó que las clases bajas, sobre todo mujeres, aprendieran un oficio que les ayudara a ganarse la vida de manera honrada, concreta y eficaz. Mandó construir un asilo con el fin de que ya no hubiera pordioseros en la calle y tuvieran garantizado por lo menos un alimento diario.

Otro aspecto al que contribuyó fue al del mejoramiento urbano, pues se preocupó de dotar a la ciudad de vigilancia nocturna y alumbrado público.  La importancia de doña Josefa radica, no solo en su generosidad, sino también en su legado que aún continúa y permanece vivo hasta nuestros días.

Cayetana Grageda

En su afán por hacerse de herramientas que le permitieran alcanzar un nivel de vida decoroso, asistía a un curso teórico-práctico de obstetricia.  

Una vez que finalizó el curso y las prácticas correspondientes en el Hospital Civil de Santa Rosa, donde demostró sus aptitudes para la cirugía, además de esmero y delicadeza en su trato hacia los enfermos.

El 19 de enero de 1872, en la Escuela Nacional de Medicina, presentó su examen profesional para obtener el título de profesora de obstetricia, el cual le permitiría ejercer su profesión en toda la República, y fue aprobada por mayoría de votos.

De vuelta a Querétaro, caritativa por excelencia, se dedicó a atender gratuitamente a las enfermas pobres, a quienes además a menudo proporcionaba vestido, medicinas y alimentos.

 

Juana de Chávez y Lizardi

Es considerada empresaria queretana del siglo XVIII.  Además de su faceta de esposa y madre, destacó por ser propietaria de dos obrajes y una tenería en la ciudad de Querétaro, durante la segunda mitad del siglo XVIII. 

Una vez que enviudó, quedó al frente de todos los bienes de su difunto esposo, quien la nombró en su testamento como primera albacea. Para entonces con poco más de sesenta años y precisamente en esa etapa de su vida empezó a hacerse presente en las reuniones del gremio de la obrajería, corporación integrada única y exclusivamente por los dueños o arrendatarios de obrajes. Allí participó y votó en la elección de diputados para la representación de diputado del citado gremio. 

Doña Juana es reconocida no solo por su habilidad para desarrollarse en los negocios…, sino también porque supo combinar sus deberes de esposa en una muy temprana edad, ser madre de nueve hijos y además desempeñarse como una mujer dedicada a su comunidad y a obras religiosas.  

 

Sara Pérez Romero 

En 1903 contrajo nupcias con Francisco I. Madero. Él fue detenido en 1910, pues los seguidores de Díaz lo consideraban una fuerte amenaza. Durante la prisión de su esposo, doña Sara se negó a abandonarlo y retirarse a la seguridad del domicilio familiar, como era la costumbre de la época.

Cuando Madero triunfó, Porfirio Díaz renunció a la Presidencia de la República y abandonó México en mayo de 1911. Doña Sara, ya como la primera dama del país, siguió colaborando con la causa democrática y participó en la organización de varias instituciones femeninas, como Las Hijas de Cuauhtémoc, y de solidaridad, como la Cruz Blanca Neutral por la Humanidad, que está todavía vigente en la Ciudad de México.

Tuvo una vida llena de privilegios, lo cual era suficiente para hacer de ella una mujer frívola y despreocupada; pero, por el contrario, tuvo una personalidad generosa, altruista, osada, valiente, madura e inteligente. No se escondió cuando su vida corrió peligro, ni intentó obtener beneficios con su viudez.  

 

Fuente principal para la realización de este artículo: Nuestra voz sale al balcón. Mujeres queretanas en la historia. (2015).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Total
11
Shares


>