Durante las excavaciones realizadas para la construcción del proyecto ferroviario del Tren México-Querétaro, personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizó un importante hallazgo arqueológico en las inmediaciones de la terminal de Buenavista, en la Ciudad de México.
A una profundidad de 1.40 metros, los especialistas desenterraron un depósito que funcionaba como un antiguo osario, el cual contiene nueve cráneos (algunos con modificaciones craneales), cinco mandíbulas y diversos fragmentos óseos como fémures, costillas, dientes y partes de cadera.
De acuerdo con las primeras evaluaciones del INAH, los restos óseos y los objetos asociados se ubican en lo que antiguamente fue el calpulli de Nonoalco, uno de los barrios prehispánicos pertenecientes a Tlatelolco.
Los arqueólogos estiman que la temporalidad de este depósito corresponde al periodo Posclásico Tardío (1200-1519 d.C.) o bien a la etapa de contacto (1519-1535 d.C.), transición que marcó la llegada de los españoles y el inicio de la época de la Conquista. Además, el sitio arqueológico colinda con los vestigios de la histórica iglesia de San Miguel Nonoalco, levantada en el siglo XVI como capilla de visita por los frailes franciscanos.
Piezas de cerámica y vida cotidiana
Junto a las osamentas, el hallazgo incluyó una rica variedad de objetos asociados a la vida cotidiana y ritual de las comunidades prehispánicas:
- Cerámica Azteca III (fechada entre 1350 y 1320 d.C.), que comprende platos, vasijas y ollas.Telediario
- Recipientes salineros, empleados antiguamente para la extracción de sal en las aguas del lago de Texcoco.Telediario+ 1
- Siete malacates en miniatura y un par de figurillas de barro.Telediario
- Diversos instrumentos de lítica pulida (utensilios de piedra).Apocaliptic
Siguientes pasos en laboratorios
Tras el riguroso registro in situ y la recuperación de los materiales, las piezas arqueológicas y los restos óseos fueron trasladados a laboratorios especializados en antropología física, lítica y cerámica ubicados en Tula de Allende y Tepeji del Río de Ocampo, en el estado de Hidalgo.
En dichos centros, los especialistas llevarán a cabo tareas de limpieza, restauración y análisis detallados (incluyendo pruebas científicas) para determinar con precisión la edad, el sexo, posibles marcas culturales y las condiciones de vida de los individuos, aportando nueva luz sobre la historia oculta bajo el suelo de la capital mexicana.





