“Cualquier persona puede pegarle a una pelota con un palo, todos podemos quedar bajo par, o con un golpe de suerte dar un hoyo en uno, pero ser un golfista de verdad requiere otro tipo de cualidades, por ejemplo ser un caballero y en el caso de las mujeres ser una verdadera dama”.
Esa frase se la escuché a mi suegro, mientras viajábamos en el carrito, la primera vez que me invitó a pisar un campo de golf en la zona suroeste de la ciudad, sobre la salida a Celaya. Hasta ese momento, mis acercamientos al golf habían sido sólo como espectador en un puñado de ocasiones, como admirador del estilo y carisma de Tiger Woods y como un entusiasta orgulloso de la carrera de Lorena Ochoa, quien desafiaba todas las expectativas en los campos de la LPGA, pero nunca como un participante activo del deporte más allá de alguna visita a un minigolf en mi ciudad de origen.
Como cualquier golfista entusiasta y emocionado hice un swing fortísimo que peinó por completo el aire haciendo un silbido vergonzoso que nunca fue acentuado con el armónico “Clack” de la pelota besando el driver. En ese momento entendí a qué se referían: El golf, como deporte es una disciplina que enaltece el espíritu, promueve la cordialidad y la fraternidad, y de entre sus muchas bendiciones también es un excelente ejercicio en paciencia y perseverancia. Estas cualidades, lo han hecho despegar y adquirir mayor popularidad a nivel nacional, pasando de ser un pasatiempo inaccesible para muchos, a convertirse en una pasión que no solo genera unidad entre los que lo practican o admiración entre los que siguen los tours en la televisión, sino que está apuntalando una serie de crecimientos e ingresos económicos en materia de turismo y venta de productos relacionados, en las regiones del país donde se practica de manera asidua y nuestra ciudad no es la excepción.
De la costa a los destinos tierra adentro.
Según un artículo de Christina Reyes, publicado por el diario El Financiero (REYES, 2015) , el golf genera a nivel nacional una derrama económica de 25,176 millones de pesos gracias a una base de usuarios de entre 27,000 y 28,000 personas repartidas a lo largo de la república mexicana, que todos los días visitan uno de los 200 campos que motean de verde intenso el territorio nacional y que empiezan a convertir a México en un terreno fértil para la realización de más torneos de la PGA, LPGA y PGA Latinoamerica, donde cada más mexicanos compiten por quedar bajo par y escalar en los hándicaps internacionales.
Bajo este tenor, los inversionistas amantes del deporte, encontraron en las costas del país, un excelente clima y paisaje para la creación de campos complejos y recintos de primera categoría en playas mexicanas. Esta ola de nuevos campos en sitios vacacionales y algunos clubs de golf que ofrecen el acceso a todo público, fomentaron la práctica y arrojaron un crecimiento sustancial en el número de aficionados al deporte de los birdies que podían disfrutar de un buen match y generar vinculaciones profundas con miembros de su familia (como en mi caso) o quitar el tedio a las jutas de negocio con una tarde en el green.
Ante el crecimiento constante y la popularización generada al final de la década del 2000 gracias a los fairs de Lorena Ochóa se creó en el país una bellé epoque para el golf y serían las ciudades de la tierra adentro, como Querétaro, León, Guadalajara y Aguascalientes que empiezan a vivir de manera latente este entusiasmo por quedar siempre bajo par.
Específicamente en la región del bajío cada vez podemos encontrar más y mejores campos, gracias a una renovación y mantenimiento íntegro de las instalaciones y los clubs, todo esto ayuda a desarrollar un ambiente interesante dentro del paradigma sociocultural de las entidades que se convierten en punta de lanza del golf como Querétaro, que se plantea como un crisol de componentes sumamente benignos para el crecimiento del deporte, generando un balance positivo para los habitantes que gustan practicarlo ya que cuenta con una plataforma turística muy robusta y bohemia, gracias a sus vinos, gastronomía y entornos coloniales, creando una zona de esparcimiento mucho más orientado a la degustación y el disfrute pautado, haciendo una propuesta diferente a los entornos pulsantes de lugares como Cancún y Cozumel.
Una ciudad, un deporte y un estilo de vida.
Gracias a la comercializan productos de marcas vinculadas a las estrellas del deporte como Adidas/TaylorMade que tiene de vocero a Justin Rose o Nike que recientemente renovó contrato con Rory McIlroy, cada vez es más común encontrar pequeños golfistas que dieron sus primeros drives gracias a sus padres y a la pasión que despertaron en ellos las hazañas de Jordan Spieth o niñas que cambiaron las princesas de Disney por las damas del golf como Stacy Lewis o Anika Sörenstam.
El revuelo de nuevas generaciones de golfistas se a los que fundaron los primeros clubes en la ciudad para contribuir a la apertura de nuevas tiendas cada vez más especializadas, lo que contribuye a que los queretanos puedan acceder a equipo adecuado de manera muy fácil, permitiéndonos decidir qué tipo de golfista querenis ser; hay sitios donde puedes adquirir herramientas de primera calidad, desde el calzado más simple hasta carritos de golf, pero sobre todo y más importante, hay campos esparcidos por toda la ciudad y el clima suficientemente estable y con variaciones delicadas como para plantear un reto en cada ocasión que estés frente a las yadras que te separan del green, en lo personal recomiendo el Par 72 de Balvanera.
Cuando veo el progreso que la ciudad ha logrado a partir del crecimiento económico, del desarrollo industrial y del trabajo que ejecutan queretanos y personas que venimos desde otros lugares para hacer hogar aquí, no puedo evitar ver el green a lo lejos y sentir la certeza de que nuestras metas están claras y cuando veo a los jóvenes esforzarse en el campo me brotan un par de preguntas, tal vez con un poco de nostalgia y frustración me hago la primera ¿por qué no empecé a jugar más joven? Y con un poco de ilusión y esperanza me planteo otra duda ¿será posible que de estos campos, bañados por el sol intenso del semidesierto pueda nacer el próximo Tiger Woods o la próxima Lorena Ochoa? la verdad es que no existe ninguna certeza, ni negativa, ni positiva, existe una misión para los que somos aficionados, para los que tenemos la oportunidad de transmitir una idea a través de un teclado y esa es, la de contagiar de esta fiebre por los pots, los birdies y los eagles a todas las personas que podamos y tal vez un día Querétaro sea como la Augusta Latinoamericana, solo hay que jugar juntos, un green a la vez.
Colaboración: J. Pérez