Vladimir Curiel es un pianista mexicano, admirador de Johann Sebastian Bach, Mozart, Beethoven, Marc-André Hamelin, Stephen Hough, etc. Inició su carrera en el Conservatorio de Música José Guadalupe Velázquez en Querétaro, para después viajar a Roma y continuar con sus estudios de piano en el Conservatorio de la ciudad. Cinco años después, con la licenciatura terminada, viajó a Filadelfía a para hacer una maestría en Temple University, con lo que actualmente sustenta su trabajo y se presenta como concertista profesional.
Su amor por la música surgió desde que era pequeño, pues creció escuchando rock setentero, como Led Zeppelin y Pink Floyd, por influencia de su padre; así mismo sucedió con la música clásica, sin embargo, esta lo llevó más allá.
Vladimir aún puede recordarse patinando en su casa al compás de las sinfonías de Beethoven, y es por eso que cree firmemente en el hecho de que la música lo escogió. Su primer acercamiento con instrumentos fue una flauta dulce con la que repetía todos los sonidos que escuchaba a su alrededor, gracias a su oído absoluto y a sus aptitudes innatas hacia la música.
La elección del instrumento que lo acompañaría toda su vida fue relativamente fácil, pues el piano es uno de los instrumentos más completos, con una gran cantidad de posibilidades sonoras; es, sin duda, “el príncipe de los instrumentos”. Al paso del tiempo, se sorprendía a sí mismo soñando despierto con los conciertos que podría ofrecer sentado al piano en grades recintos, por lo que supo que estaba en el lugar correcto y con la compañía ideal.
Su pasión por la música ha dado frutos con presentaciones en Estados Unidos, Italia y, por supuesto, México; en escenarios como: la Sala Ponce, el Munal, el Teatro de la República de Querétaro, el Teatro Metropolitano, Teatro de la Ciudad, entre otros. Sin embargo, al preguntar por la presentación que más recuerda, inmediatamente viene a su mente un concierto con la Orquesta Sinfónica de Hidalgo, bajo la dirección del Maestro Armando Vargas, en el que fue felicitado por la entrega y emoción que causó entre los presentes.
“En el camerino me fueron a felicitar y una señora me dijo que no le gustaba Mozart, y que yo había logrado que le gustara, llegó como una persona y se fue como otra.”
La vida y su dedicación le han abierto muchas puertas, una de ellas es esta oportunidad e invitación por parte del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, de representar a Querétaro, en el ámbito musical, dentro del proyecto Navidad Mexicana en el Vaticano; donde tocarán piezas basadas en Manuel M. Ponce, compositor mexicano, además de ofrecer otras exposiciones culturales y turísticas del Estado.
La posibilidad de emocionar, transmitir y comunicar la historia de la música clásica es una de las cosas que más disfruta de su profesión; por lo que invita a la gente a que escuche música y se acerque a un instrumento, más que un pasatiempo, es un complemento de la formación humana.







